Además de tener una gran debilidad por las letras, siempre he pensado que pueden ser un instrumento para mejorar el mundo. Y sigo pensándolo, pero con cambios. Me explico. Conocer la realidad, siempre variable, múltiple e inabarcable, es el primer paso para andar, pero ahora pienso que no es suficiente. Si bien antes apostaba por mirarlo todo desde la barrera que se puede levantar con las letras, ahora creo que es mejor trabajar con ellas, como con el barro, hasta que estés embardurnada. Que eso de mirar el mundo como si fuera ajena a él es sólo una manera de mantener las distancias, de protegerme no sé bien de qué, potser tan sol de la responsabilitat que implica aixó mateix, implicar-se, participar...viure.
Aceptar que lo que hacemos nos afecta a todos y que quizás somos la única mano de dios.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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