Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo:
Invitarte a pasear por el mercado,
descubrir los tomates rojos por el sol,
de piel tersa...
empaparnos de los olores de las frutas, de las verduras,
escuchar a los tenderos, a las mujeres, a los hombres.
Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo.
Compartir la cocina,
clara por la luz del sol,
llena de voces y de risas,
fresca como la cerveza fresca que alivia el calor del verano
y desinhibe las miradas.
Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo:
Trocear los tomates y las cebollas,
picar la hierbabuena,
embadurnarnos las manos de aguacate.
Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo:
rociarlo todo con gotas de limón,
tan ácido, tan extrano, tan familiar.
Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo:
Añadirle sal y pimienta, mezclarlo todo y luego,
probarlo de tus dedos.
Nada me gustaría más que hacer guacamole contigo.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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