
Muchas veces he preguntado porqué aquí (Alicante, también en Valencia y no sé si en más ciudades) la víspera de San José hacemos buñuelos y nunca he conseguido averiguarlo. Lo que sí sé es porque a mi me gustan tanto.
Los que siempre he comido, los que siempre ha hecho mi madre, son muy sencillos, se preparan únicamente con agua calentita, levadura, harina, un poco de rayadura de limón y mucho, mucho trabajo. Hay que remover bien la masa para que no queden grumos, dejarla subir y luego, uno a uno ir metiéndolos en aceite muy caliente,dejarlos freír y cuidar para que se doren. Y así los sacas del aceite, doraditos, blanditos, calentitos...por eso se llaman bueñuelo de viento. Los puedes probar con azúcar, a mi me encantan en el café con leche.
Pero no sé si lo que más me gusta es su sabor o el recuerdo que me traen. Desde muy chica recuerdo las vísperas de San José. Mi madre metida toda la tarde en la cocina, pero no como por las mañanas, preparando la comida como cada día, sino con ambiente de fiesta, mis hermanos merodeando por la cocina, a la pesca de los primeros buñuelos que no catábamos desde el año anterior, alguna amiga de mi madre que venía y se sentaba animando con su charla la laboriosa tarde....
Y mientras mi madre seguía haciendo buñuelos, feliz. Llenaba un cuenco grande y satisfecha cogía otro. Kilo y medio de harina te da para más de cien bueñuelos¡ Al final los miraba orgullosa, los que no nos habíamos zampado ya, y preparaba montoncitos para repartirlos. Por todo eso y a todo eso a lo que me saben los buñuelos.
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