Desde hace muchos años, cada vez que he visto un semblante serio, un tono demasiado formal, he pensado que algo mal había hecho yo, vamos, que era la causa del malestar. Un día, hablando con una amiga, comentamos esta sensación y vimos que era común. Compartir no soluciona el problema, pero te reconforta. Además estuvimos pensando si esa educación cristiana en la que nos habían criado (y de lo que yo admiro muchos valores, sobre todo de los cristianos de base)no nos había inculcado un gran sentimiento de culpabilidad. Hablo de las mujeres, no tengo ni idea de cómo funcionó en los hombres.
Supongo que saber algo es el primer paso para poder plantearse si intentas solucionarlo o no.
El otro día recibí un e mail, y aparte de que en esta forma de comunicarnos, rápida, ágil y eficiente, se pierden muchos matices, a mi me pareció que el tono chirriaba por algún sitio. Mi engranaje de culpabilidad se puso en marcha inmediatamente¡ Habré hecho esto mal, tendría que haber hecho aquello, las formas de autofustigarse puesen ser muy sofisticadas y persistentes.
Antes de que la angustia me llegara al estómago paré en seco la maquinaria. Reflexioné. No sabía si me había equivocado en algo, muy posible, en cualquier caso, si me lo explicaban bien no tenía ningún problema en rectificar, ni disculparme si hiciera falta. Pero no iba a tirarme por ese tobogán. No es bueno el sentimiento de culpa gratuito. No lo quiero para mí, ni para nadie. Te hace muy vulnerable.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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