Nada podría decir yo de estos tiempos que vivimos.. voces muy inteligentes analizan cada día, cada nueva medida, cada nueva circunstancia. Cada uno y cada una nos hemos vuelto a alinear con los nuestros, la derecha con la derecha, la izquierda con la izquierda, quien nunca se quiso definir ahora hace de eso bandera...
Y yo me indigno por lo que me toca, que no es que me afecta personalmente, sino lo que me hace estremecerme: la desprotección de viejitos y viejitas que han trabajado duramente en su vida y a los/las que ahora les cobran más por la luz, el agua, la comida, los alimentos...y a quienes posiblemente les bajarán sus pensiones, por los niños/as, por las personas dependientes. No estoy en ninguno de esos colectivos y aún así se me lleva la rabia. Tanta cobardía apuntando a los más indefensos me subleva.
Yo, por mi parte, sólo tengo una consigna.
Desde que no tengo trabajo remunerado (porque nadie me ha quitado la sana costumbre de hacer co
sas), sigo levantándome a las 7.30h de la mañana. Busco trabajo, voy a hacerle la compra a mi madre (una de esas personas de 85 años que vive sola, pero ya no puede hacerlo todo sola), voy a entrevistas, escribo en un blog sobre lo que me gusta, mi tierra y sus productos, intento aprender alguna cosa ahora que tengo tiempo (mis últimos 20 años me los he pasado trabajando en un oficio sin horario, que absorvía toda mi vida), monto en bicicleta, llevo a mi madre al médico, a urgencias, a pasear...hago todo lo que se me ocurre, para encontrar un modo de mantenerme, por un lado económicamente, y por otro, con la cabeza sana.
Y sobre todo, intento no perder la sonrisa. No una sonrisa boba, constante e indiscrimada, no, sino ese gesto sincero y auténtico que me nace cuando estoy con las personas que quiero, cuando me siento feliz de ver que aún quedan un montón de cosas por las que seguir trabajando, cuando me paseo por esta tierra generosa, diversa, preciosa.
A veces me canso, a menudo me indigno, a veces creo que la rabia va a poder conmigo, pero no pienso perder mi sonrisa, es lo único que tengo.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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