Escribir y compartir
Hace tiempo que no escribo en este blog. La verdad, lo cree para escribir de gastronomía, aunque luego se cruzó otra historia en mi camino y aparqué la gastronomía, pero no he dejado de escribir. En casa hay hojas por todos lados donde escribo lo que me apetece, cuando me angustió, cuando me alegro, cuando casi reviento de felicidad...
Y como siempre he dicho que viviendo y aprendiendo, ahora inicio una nueva lección. Tengo una muy buena amiga que ahora se dedica a las manualidades, ganchillo concretamente. No sólo hace vestiditos de niña sino que lo va contando y compartiendo, además de que a lo mejor nos importa una moda newyorquina de organizar "quedadas" para tejer y charrar juntos en una cafetería.
Lo que voy a copiat es lo de compartir. Yo no sé hacer ganchillo, ni nada que se le parezca (soy muy torpe con las manos), pero me encanta escribir, desde pequeñita. Es como un vicio y es lo que tengo para compartir.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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