
Además de los productos de temporada, en mi casa me enseñaron a disfrutar de pequeños placeres que van unidos a un tiempo muy concreto. Así, las torrijas, ese dulce preparado con pan duro bañado en leche, frito y con azúcar y canela, que resulta una delicia blandita, dulce y nada empalagosa, para mi saben a Semana Santa.
Aunque es muy fácil de hacer (añadiré la receta de mi madre, para mi la mejor del mundo) y es bastante barato, no conozco hogar, restaurante ni pastelería que las prepare en otra época del año que no sea Semana Santa. Así no sólo te brindan un placer al paladar, sino que puedes evocar un tiempo en el que los días empiezan a alargar y el sol a coger fuerza con un suave aroma, con una textura esponjosa que se deshace en la boca y con suave toque de canela. Para mis las torrijas son el sabor de la Semana Santa de mi niñez.
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