Me cuenta un amigo que le han llamado por teléfono y le han dicho que tiene que ir a una entrevista para trabajar en el aeropuerto. Le pregunto que qué entidad le ha llamado: el SERVEF, AENA, no sé. Dice que no lo tiene claro, que es un poco sospechoso, pero que como necesita trabajar va a ir a la entrevista. Y acude. Luego me cuenta. Le ofrecen un curso que no recuerdo si vale 3.000 euros (por ahí va la cifra), financiación para pagarlo (a ver quien tiene esa cantidad) y luego, un trabajo en el aeropuerto. La estafa está servida y habrá quien diga que las personas que tengan tan poco cerebro de creérselo allá ellas.
A lo mejor, si nos ponemos en la piel de la desesperación, entendemos que haya gente que pique en la trampa. Puede que incluso duden de la veracidad de la propuesta, pero si en la duda les cabe el menor resquicio de trabajar lo intenten. No seré yo quien les juzgue.
Tampoco se me ocurre qué puede hacer una persona a la que estafan prometiendo un trabajo y le roban lo que le queda. Para mi que eso es jugar mucho con el personal y arriesgarte a que a alguien se la vaya la chola.
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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