Que malo, o que bueno, ser inconsciente, querer a alguien, sin saber cuanto le quieres, cuanto le vas a echar de menos, sin pensar...Ahora llegó el momento de la consciencia,de buscarte y no encontrarte de confundirte con alguien que hace tu mismo movimiento de pelo, con alguien que está en una terraza en la que podrías estar tú, de ver que no, que tú no estás, que no estás, de ver como te nombramos y magia borras¡¡¡ se llenan los ojos de una nostalgia tan líquida.
No sé si se nos pasó por la cabeza, eso que más da ya. Sólo importa esa extraña ausencia que ni te imaginas cuando gozas la presencia. Dios¡, cuanta incongruencia. Y no, no son los días bálsamo que cure ni reconforte, son, al contrario, prueba irrefutable, repetitiva, constante, de que no, no estás. Sé que no es razonable, pero es inevitable: vinaaaaaa¡¡¡¡¡¡
La puerta está abierta....
Por si alguien decide entrar, por si alguien quiere decir algo...la puerta está abierta. No se mé ocurre otra forma mejor de empezar que dejar que corra el aire.
Pensamientos para digerir
En las cocinas hemos aprendido útiles lecciones, sobre todo para vivir. En ellas nuestras madres, abuelas y en general las mujeres que las han habitado, nos han ensañado normas de convivencia, de educación y de otros aspectos de la vida. También es un buen lugar para las conversaciones íntimas, para las risas, para las lágrimas, sin olvidar que nos acerca a esa buena costumbre de la hospitalidad, un vino, un pedazo de queso, un poco de salao...aunque sea un poco de agua fresca. Por eso y por mucho más me gusta escribir desde la cuina, porque es el sitio de mi casa que más me gusta
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